El día sábado 12 de agosto a las 20:00hs el Museo Molina Rosa inaugura una nueva muestra, en esta oportunidad 6  jóvenes artistas integran un proyecto colectivo bajo la curaduría inicial de la artista visual Celeste Martinez.

Diálogos en construcción propone mediante cruces de experiencias y materialidades muy diversas entre sí, indagar sobre la posibilidad de generar espacios de reflexión en torno a nuestro contexto contemporáneo.

Dos proyectos se ponen en diálogo para interpelar al espectador sobre la problemática de género en nuestra sociedad, uno de ellos es el de Alina Gallegos Gudiño quien a través de fotografías intervenidas con bordados y perforaciones, reflexiona sobre el abuso de la violencia sobre la mujer. Las huellas sobre las imágenes funcionan como metáforas de las laceraciones en los cuerpos, el otro, es la instalación de Carola Fraguglía, quien confecciona vestimentas transparentes que presentan bordados de bocas clausuradas, visibilizan Ia presión sobre el cuerpo femenino para encajar en cánones irreales de belleza.

En otra mirada sobre nuestro contexto, Ana López trabaja como una entomóloga documentando a través de un pulido dibujo en líneas negras sobre papel blanco, todo un inventario de seres imaginarios e insectos en metamorfosis. Demuestra una naturaleza infinita, que identifica, como a Isabel en el cuento Bestiario de Julio Cortázar, en un microcosmos y en adaptación a las más adversas circunstancias.

Por su parte, y con una obra  escultórica montada sobre la fachada del Museo, Laura Menegotto explora el concepto de crisis a través de la generación de formas en hierro, un  trabajo que implica una gran resistencia frente al material que impone su fuerza para doblegarlo

En tanto Roxana Hidalgo Ceballos a través de un proyecto de carácter relacional, el cual se define por el intercambio colaborativo, va construyendo una colección de saquitos de té usados, que acumula con un minucioso e intenso trabajo de recopilación. A esos gestos los va documentando y contabilizando de manera obsesiva en cada nueva adquisición. La conservación de estos residuos, se convierten de este modo, en una reflexión sobre el tiempo y los vínculos sociales. Como un final abierto que posibilita edificar nuevos diálogos, Mariano Pereyra, interviene un tocadiscos forjando una musicalidad de viento a través de un entretejido de barriletes blancos que aluden a lo efímero y a las despedidas.